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Manos Unidas declara la guerra al hambre este 2026

En un mundo marcado por la violencia y los conflictos armados, hablar de paz sigue siendo una urgencia. Pero la paz no empieza cuando callan las armas. Se construye mucho antes: cuando se garantiza una vida digna, cuando se erradica el hambre, cuando se reducen la pobreza y la desigualdad.

Esta es la convicción que impulsa la Campaña 2026 de Manos Unidas: «Declara la guerra al hambre», una llamada urgente a combatir las causas profundas de la violencia y a apostar por un desarrollo justo como camino imprescindible hacia una paz real y duradera. El hambre es un arma silenciosa más letal que las armas de guerra y que también se utiliza de forma estratégica en los propios conflictos armados.

La campaña destaca la frase: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz” del Papa Pablo VI ( Populorum Progressio (1967)).

La violencia no siempre llega en forma de guerra. En muchas partes del mundo esa violencia es algo cotidiano: un plato vacío sobre la mesa, una escuela que cierra sus puertas, una familia que no puede garantizar un futuro para sus hijos… Es una violencia que no hace ruido, pero que condiciona miles de vidas y erosiona cualquier posibilidad de paz.

En un mundo cada vez más hiperconectado, donde la brecha entre el Norte y el Sur global permanece inalterable, proliferan el hambre, la violencia, la pobreza y la desigualdad, especialmente en zonas afectadas por conflictos armados.

Los conflictos violentos revierten repentinamente décadas de progreso abriendo las puertas de nuevo a la pobreza.

Hoy, 1.100 millones de personas viven en pobreza multidimensional aguda, más de la mitad niños, y casi el 40 % de ellas reside en países afectados por guerra, fragilidad o bajos niveles de paz.

La tasa de pobreza en países afectados por la guerra es del 34,8 %, frente al 10,9 % en países no afectados.

Y, mientras tanto, el gasto militar mundial alcanzó un récord de 2,7 billones de dólares, y la inversión en construcción de paz apenas supuso 47.200 millones, el 0,52 % del gasto militar global.

Detener los conflictos armados no basta para conseguir una paz verdadera y duradera. La base para alcanzarla es construir sociedades más justas e inclusivas, donde todas las personas tengan oportunidades y puedan vivir con dignidad.

La paz es más que ausencia de guerra, exige educación, justicia social y derechos garantizados. Solo con un desarrollo integral y sostenible —con redistribución de la riqueza, cuidado del planeta y participación de la sociedad civil— la paz puede consolidarse.

Vivimos en un mundo que no solo es menos pacífico, sino que es menos capaz de construir la Paz. Actualmente, 78 países están involucrados en conflictos más allá de sus fronteras, y existen 59 conflictos armados activos en el mundo, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial.

La violencia armada no desaparece, se vuelve crónica, especialmente en muchos países donde los conflictos permanecen «activos» pero invisibles.

Son países como Burundi, Camerún, Etiopía, Egipto, Libia, Mali, Nigeria, República Democrática del Congo, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, en África; Afganistán, Filipinas, India, Myanmar, Pakistán, Tailandia, en Asia; Irak, Siria, Yemen, en Oriente Medio; o Colombia, Haití, Honduras, México, en América Latina.

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