Tradicionalmente el rezo del Ángelus se realiza a medio día (12:00 h. hora del Ángelus), pero solía rezarse también por la mañana al empezar la jornada (6:00 h.) y por la tarde al caer el sol (18:00 h.).
La oración es el relato de la Anunciación y ofrece un recurso maravilloso para la meditación cotidiana. Se reza a dos voces y después de cada estrofa se reza un Ave María. Al finalizar las estrofas hay una oración breve y se termina rezando tres veces el Gloria.
Durante el tiempo Pascual (incluyendo Pentecostés) en lugar del Ángelus se reza el Regina coeli, oración que nos invita a alegrarnos junto con María por la Resurrección de Nuestro Señor Jesús.
Aunque sus orígenes se remontan al siglo XIII, fue en el siglo XVI cuando se difundió con la forma actual. Desde entonces, y durante siglos, el toque del Ángelus ha marcado el ritmo de la jornada laboral, especialmente en el campo, como una invitación a santificar el trabajo.
Uno de sus más entusiastas defensores ha sido el Papa san Juan Pablo II, que en una ocasión llegó a afirmar: «Siempre he considerado el rezo del Ángelus como una forma sencilla y profunda de santificar el tiempo y de entrar en comunión con la Virgen María».
Su estructura es la siguiente:
1. El Ángel del Señor anunció a María.
–Y concibió por obra del Espíritu Santo.
(Avemaría)
2. He aquí la esclava del Señor.
– Hágase en mí según tu palabra.
(Avemaría)
3. Y el Verbo se hizo carne.
– Y habitó entre nosotros.
(Avemaría)
Luego se concluye con una oración:
«Derrama, Señor, tu gracia en nuestras almas, para que los que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo, lleguemos, por los méritos de su Pasión y Cruz, a la gloria de la resurrección. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén».





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