¿Se imaginan a un papa descalzo en mitad de una Iglesia? Y sí, aunque no lo crean, esto sucede una vez al año. Es en el Viernes Santo, durante la Pasión del Señor.
En el momento de la adoración de la Cruz, dice la norma litúrgica del ceremonial de obispos que el obispo, el papa, se quite la casulla, se descalce (o use calzado muy sencillo), se quite los zapatos y haga la adoración a la cruz como un gesto y como un signo de adoración verdadera a Dios en la humildad y en la humillación de su persona.
El papa tampoco luce el báculo y el anillo. Ambos son los elementos insignia de un obispo. Lo que se pide ese día es que no lo porten en señal de duelo.
Hay que recordar que ese día Cristo ha muerto y la liturgia lo simboliza a través del despojo: se quitan casi todos los manteles del altar y las campanas enmudecen.
Y es que el Viernes Santo esconde un sinfín de curiosidades. Para empezar, está prohibida la misa, solo sucede una vez al año y, en su lugar, se realiza la adoración de la cruz.





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