La Jornada Mundial de la Vida Consagrada de este 2026 lleva por lema ‘¿Para quién eres?’, en sintonía con el Congreso de Vocaciones. Como cada año, esta Jornada se celebra en la fiesta de la Presentación del Señor —2 de febrero—. Además, este año vive su edición número 30.
La Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha preparado diversos materiales —mensaje de los obispos, testimonios, textos del papa León XIV, oraciones, los subsidios litúrgicos para celebrante y monitor— para celebrar esta Jornada que invita a centrar la mirada en las personas que, mediante la consagración, dedican su vida a Cristo.
Este año, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada recuerda el Congreso de Vocaciones que se celebró hace casi un año, del 7 al 9 de febrero de 2025. El aniversario de este encuentro de «comunión fraterna entre todas las vocaciones» motiva a la vida consagrada para seguir «construyendo la cultura vocacional» y tomar conciencia de que cada persona es «una vocación para la misión».
De igual modo, el lema ahonda en la pregunta esencial de toda vocación. Una pregunta que tiene como respuesta el amor y servicio a los demás, como afirmó Mons. Luis Argüello en el propio Congreso de Vocaciones. En la misma línea, «¿A quién llamas?», «¿a quién buscas?» y «¿a quién sirves?» son los tres interrogantes desarrollados por los obispos de la Comisión en su mensaje, en un recorrido que concluye con el reconocimiento de que «el corazón de la persona consagrada se vuelve menesteroso y agradecido a su Señor».
ORACIÓN
Padre que estás en el cielo, que nos amas, nos llamas y convocas junto a tu Hijo para ser tus humildes testigos de esperanza en este mundo nuestro tan complejo y convulso, haz que trabajemos en sinodalidad, por la unión y la comunión, fundamentos de la verdadera fraternidad.
Siguiendo a tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano y Señor, que nos lanza a la caridad creativa y a la ofrenda alegre en el cada día, ilusionados porque está con nosotros y es nuestro compañero de camino, que el soplo de tu Espíritu Santo infunda y despierte a la vida consagrada, la transforme en profecía social, levadura de paz y justicia en medio de tantas heridas; y que no dejemos de preguntarnos: «¿Para quién eres?».
Y así construyamos el «nosotros» que te agrada, que sabe a frescura evangélica y a calor de pan compartido, junto al vino de la misericordia.
De la mano de tu Madre y madre nuestra, siempre atenta a las necesidades de sus hijos e hijas. Amén.






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